Poco tiempo ha transcurrido desde la llegada del nuevo párroco de Maracay, Vicente López Aveledo, cuando las circunstancias lo llevan a afrontar graves problemas ocasionados por la epidemia de viruela que se desata en el país afectando sobre todo a las clases desposeídas. Bajo los aleros de las casas, en los corredores y en las calles se encuentran enfermos en lamentables estados: infección, contagio, miseria. Ante el dramático cuadro el joven sacerdote decide fundar un Hospital, el primero de Maracay. Alquila la casa de las hermanas Yépez y el 3 de noviembre de 1893, con la colaboración de un grupo de personas con carácter de emergencia, abre sus puertas a los necesitados, quienes fueron atendidos en esteras hasta que posteriormente el Padre López Aveledo pudo viajar a Caracas y conseguir camas y otras ayudas.