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- Bonito que estuvo el canto de hoy...pero lo oí clarito.
- Ah los Votos. "Jesús, Jesús, esposo de mi alma"
- Ay Dios, verdad!
- "Quiero vivir con vos crucificada. Los votos que pronuncié..."
Yo dije que dijéramos así porque como era para recordar sus votos.
"Los votos que pronuncié en este día quiero me tengan en
la cruz clavada".
- Que públicamente los pronuncié. Los otros nadie lo sabía. Nadie lo sabe
sino a quien yo le digo.
- Esos primeros votos fueron el día del Carmen, el 16 de Julio de 1893.
- El 16 de Julio.
- Y después de 1903, a los 10 años. ¿Y los cumplía de verdad,
esos votos?
- Como que no.
- Por su cuenta.
- Sí, por mi cuenta.
- ¿Y cómo hacía con el voto de pobreza?
- Pues como yo... Yo me ponía lo que mi mamá me pusiera y comía
lo que me ponían. No tuve nunca voluntad, así, para nada.
No hacía sino lo que me mandaban.
- Y la castidad ya... Pero a los doce años haría voto de castidad porque
como bajó los ojos a los doce años.
- A los doce años fueron los ojos. Sí. Los ojos y me quité las prendas.
A mí me gustaba mucho mis anillos, las pulseras.
- Era pretenciosa, vanidosa.
- Yo no sé si sería. Me gustaba cuando me peinaban los crespos
ay, ay, ay. Iba tres y cuatro veces al espejo y me volteaba y me veía,
pues, me gustaba.
Y yo no me dejé peinar más tampoco.
- Ah no se dejó. Desde los doce años.
- Desde los.... sí, cuando hice mi primera comunión.
- No se peinó más crespos
- No, más crespos, me quité unos zarcillos que los tenía desde que nací.
Me los mandó mi abuela paterna. Bonitos! de Esmeralda, con tres
esmeraldas y todo. Pero grandotes eran y así me los pusieron desde
chiquita.
Y así los tuve hasta esa edad. Y no tuve ganas de ponerme nada.
"Pero hija, ¿por qué no te pones? No mamá, porque no siento
ganas. Entonces ella me dio permiso.
- Pero se lo debió haber ofrecido a Nuestro Señor. ¿No se lo ofreció?
- Fue al pie de la Eucaristía, en su altar. Yo fui casa de Él.
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