CONTANDO ACERCA DE MISIA ANTONIA



- Yo me iba al Hospital todos los días, pero en la noche, a las ocho me llevaban. Yo dormía en casa, pero el día lo pasaba en el hospital, hasta el cinco de abril que se fue la ecónoma. Y como no se quedaba ninguna, yo me tuve que quedar. Y me quedé. - La Señora...¿cómo era que se llamaba? a mí siempre se me olvida ese nombre. - Misia Antonia - Como que era mezquina, porque a mí siempre se me olvida, siempre se me olvida el nombre de misia Antonia - Era isleña, isleña era. - ah ¿era isleña? ah...entonces era mezquina - Era tremenda, pero yo la quería mucho, la pobre! La pobrecita! pero ella me quería mucho. Pero se fue, ella ofreció una promesa. En una gravedad que tuve por su culpa Y entonces que si me ponía buena, como el doctor Quirala le dijo: "La niña del Cristo está grave y no creo que tiene salvación" Y ella se angustió porque... y entonces le ofreció esta promesa de irse escondida. Nuestro Padre sí lo sabía. Pero ella se despidió de mí y me dijo todo lo que tenía que hacer por la mañana al llegar, y dónde debía, dónde estaban las cuentas... Todo me lo... como siempre ella me tenía mucha confianza. Yo por eso la quería porque veía que ella me hacía así, esas cosas pero me tenía confianza - Eso era para probarla porque ella fue como la maestra de novicias. - Sí esa fue mi maestra, mi gran maestra. Después cuando yo tomé hábito le escribí. Porque estaba en el Lazareth, porque había ofrecido esa promesa y fue a trabajar un año al Lazareth y me decía en la carta: "Yo comprendía que usted tenía vocación" Por eso sería que me... - La probaba Yo acababa de vestir un enfermo, una muerta... Ya estaba Catalina ya y entonces estábamos las dos vistiéndola Cuando la Hermana Catalina, ella era seglar, Ulpiana se iba por la otra puerta y se lavaba sus manos en el... pero yo como me llamaba me cogí con las manos y el pedacito que me quedaba en la mano lo ponía en el plato no ve, yo cómo soy y vistiendo un muerto. - sin lavarse las manos...ay que horror - y así salía corriendo - Ella sabía que usted era escrupulosa y por eso la mandaba a eso. - Pobrecita, yo la quiero. Ella se habrá muero ya. Pero ella fue buena, me hizo sufrir, pero fue buena.