IX VIRTUDES


Al tratar de las virtudes, presento la opinión de uno de los censores teólogos que en forma sintética ofrece una visión completa de esta realidad: "Ejercitó las virtudes teologales, morales y afines en plena fidelidad al carisma del Instituto, en grado heroico" (Voto I). Es una aseveración a manera de conclusión, obtenida no sólo del exhaustivo estudio de su vida y de sus escritos personales, sino además de la unánime declaración de los testigos. Las virtudes teologales - fe, esperanza y caridad, - constituyen la base y fundamento de todas las demás virtudes cristianas. Ellas establecen relación inmediata con Dios y nos unen a él como Bienaventuranza eterna y Verdad infinita.

Las virtudes morales en general, son entendidas por la teología como aptitudes connaturales que se desprenden de la práctica de las virtudes teologales. San Pablo las denomina "fruto del Espíritu" (Gál 5, 22). Las cuatro virtudes así llamadas "cardinales": prudencia, justicia, fortaleza y templanza, vienen citadas en el Libro de la Sabiduría (8,7). Para nuestro Padre San Agustín, las virtudes cardinales son el punto de arranque y el quicio que sustenta el cortejo innumerable de virtudes cristianas. De la misma manera que un vicio o pecado arrastra consigo diversidad de vicios y pecados, así la virtud nunca está sola, aislada. En quien se propone vivir un estado de perfección y de pureza, florecen por la sobreabundancia de la gracia - aunque en diverso grado - incontables virtudes que se relacionan entre sí.

En el capítulo 5 de San Mateo (1,16), se nos presenta a Jesús Maestro proclamando las Bienaventuranzas: Felices los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los pacíficos, los perseguidos por causa de la justicia, porque de todos ellos es el Reino de los cielos. En este discurso inaugural, Cristo expone el nuevo espíritu del Reino de Dios. Todo un programa de santidad.

Las virtudes que con particular relieve se destacan en nuestra Madre María, son aquellas derivadas de su íntima comunión con la Eucaristía: Caridad, humildad y pobreza.