3. Virginidad Consagrada. Visión teológica


"Importancia particular tiene el significado esponsal de la vida consagrada que hace referencia a la exigencia de la Iglesia de vivir en la entrega plena y exclusiva a su esposo, del cual recibe todo bien. En esta dimensión esponsal de la vida consagrada, es sobre todo la MUJER la que se ve singularmente reflejada, como descubriendo la índole especial de su relación con el Señor". (Juan Pablo II, La Vida Consagrada, N° 34)

La virginidad por sí misma no constituye, al igual que la pobreza y la sumisión, un valor cristiano. Aún cuando fuese elegida libremente con vistas a un fin noble cualquiera, por laudable que sea, difiere de la virginidad consagrada a Dios. ¿Qué elemento fundamental otorga a la virginidad la capacidad de convertirse en lazo de unión tan especial que engendra un enlace NUPCIAL con Jesús en un sentido nuevo? Desde el punto de vista ascético, en cuanto continencia bajo voto, constituye sí, un medio eficaz para una unión más estrecha con Dios, aunque no necesariamente "nupcial", ya que en este sentido, la pobreza y la obediencia gozan de igual condición de medios.

La "pertenencia a Dios con corazón indiviso", ciertamente es la renuncia, no sólo a la esfera de lo sensual, sino a la comunidad de amor y vida del matrimonio, en la que el corazón es fácilmente absorbido por la persona amada. Sin embargo, no sólo el corazón, sino la vida entera, puede quedar dividida por cierta bastarda inclinación al dinero o a otros bienes inferiores. En tal caso, la persona "dividida" no será más que un "servidor", jamás una esposa.

La virginidad cristiana es un misterio de amor sobrenatural, al que se atribuye una significación análoga a la del matrimonio humano, aunque incomparablemente superior. ¿Cuál es la esencia de la relación nupcial entre los seres humanos? De todas las formas humanas del amor, el conyugal es el más profundo e íntimo. Es la persona misma del otro el tema específico de la relación como don de sí. En el amor nupcial, las dos personas viven una para la otra: se hacen "uno".

El misterio representado por el sacramento del matrimonio en cuanto relación de Cristo con su Iglesia, se expresa aún más directamente por la virginidad consagrada a Dios puesto que, como la Iglesia, la persona consagrada está "desposada" con Cristo. Ese matrimonio "sui géneris" con Cristo, ¿dónde radica?

El "estado de perfección" en la Iglesia tiene una relación especial con esa unión "nupcial" en una Forma de vida que tiende especialmente a ella mediante los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, que ya Laura observaba desde su inicial consagración privada. Ello representa un "dejarlo todo por Jesús"; pero a diferencia de los otros dos, el voto de castidad no equivale simplemente a "prometer algo a Dios", sino que la persona "se entrega a sí misma", se "consagra a Dios", en la Iglesia, lo que constituye el matrimonio con Cristo

El factor que modifica profundamente la virginidad, le imprime forma propia y la convierte en sede de un valor completamente nuevo, es la CONSAGRACIÓN A DIOS. El corazón del elegido es conquistado, seducido por un bien superior al del matrimonio humano: Es pertenecer a Dios de una manera específica "por el reino de los cielos" (Mat 19, 11), es decir, a causa de Dios mismo, envuelto en la conciencia de un llamamiento objetivo de Jesús. Es preciso la llamada directa del Esposo celestial, pues sólo él puede invitar a tales bodas. La respuesta debe ser una opción libre, deliberada y por amor. Es, lo que en el orden de los motivos, transforma de hecho a la virginidad en virginidad consagrada a Dios. Pero no basta. Así como el matrimonio humano es la forma objetiva y específica del amor conyugal, de la misma manera el voto de virginidad en la Iglesia es la expresión orgánica de su amor y el medio de hacer objetivo (e irrevocable en los votos perpetuos), el vínculo interior de amor con Dios.

Laura Alvarado Cardozo, de hecho no aprendió en los libros la profundidad y belleza de estos misterios, sino que los "vivió" en absoluta disponibilidad al Maestro de los maestros: el Espíritu Santo. Por eso, anheló ser religiosa.

El 13 de septiembre de 1903, fecha de sus votos perpetuos, deja asentado en sus escritos: "Oh, grandioso día, en el cual me consagré para siempre a mi dulce Jesús, a mi amado Esposo: ya nada me separará del Amado de mi alma; ya he hallado a Aquél que tanto anhelaba mi corazón. Ya soy toda tuya y tú todo mío, oh, amor mío Sacramentado. ¿De dónde a mí tanta dicha? ¡Ah, buen Jesús! Del inagotable raudal de ese vuestro amoroso Corazón".

Desde Caracas, el entonces subdiácono Hilario Cabrera Díaz, le escribe una extensa carta en la que se expresa así: "¡Felices instantes! El Señor os ha escogido ya por su esposa... Jesús se ha desposado con vos para siempre, ¡cuánto amor de parte de Jesús ¡Cuánta felicidad la vuestra! ¡Salve, esposa muy amada del Dios oculto del Santo Tabernáculo! ¡Salve, Hermana! Me asocio a vuestros castos regocijos..."

Esta fecha será recordada por ella de modo especial como su desposorio oficial. En 1938 escribe: "Día grande y de dulces recuerdos, 13 de septiembre de 1903! Mis santos votos perpetuos públicos, pues mucho ha los había pronunciado en aquel apartado rinconcito de mi amada iglesia parroquial. Hoy como en ese venturoso día, soy muy feliz. Gracias, esposo mío".