VII. ESPOSA DE CRISTO


Obviar el enfoque de este aspecto tan sustancial en la espiritualidad de nuestra beata María de San José, significaría un error imperdonable pues sería sustraerle un exquisito sabor, ya que - según su propia afirmación, no sólo por escrito, sino en cinta grabada de 1966 - se consagró como "esposa" al Dios de su corazón adolescente y en adelante vivió esta realidad hasta consolidarla en la vida religiosa.

1. Aspecto Histórico: Iglesia Primitiva


Desde el siglo II por lo menos, las vírgenes fueron estimadas por los fieles como verdaderas esposas de Cristo. En el voto se contenía una verdadera declaración del espíritu, de esas que FIJAN PARA SIEMPRE LA DIRECCIÓN DEL AMOR. "Prefieren - escribe Tertuliano en su obra Ad uxorem - celebrar su matrimonio con Dios, dedicar a él su belleza y consagrarle su juventud. Con él viven, con él conversan, con él se hallan en trato continuo noche y día. Asignan a Dios como dote sus oraciones y de él obtienen siempre que quieren, sus gracias como verdaderos dones de esposo".

En la historia de las vírgenes cristianas de la iglesia primitiva, se relata el caso de la virgencita ASELA, quien al cumplir 12 años adquirió ocultamente la túnica humilde de las vírgenes y después de ofrecer a Cristo su voto de pureza, se presentó a sus padres con la vestidura ya irreformable de su nueva profesión. Las leyes romanas señalaban los doce años como la edad apta para contraer matrimonio ¿Por qué no había de bastar ese mismo tiempo para elegir el mejor de los esposos, en cuya elección no había peligro de errar? Y ¿no fue ésta, espiritualmente, la idéntica actitud de Laura Alvarado?. Ella misma declara que a los 13 años ante el altar del Santísimo Sacramento, renunció a sus pocas joyas y a sus amados crespos para entregarse totalmente a él, su amado. En relación a esta renuncia del ornato, San Jerónimo (S. IV), reafirmaba a la virgen DEMETRIADES el cambio que el voto de virginidad había de introducir en sus pasadas costumbres: "Cuando pertenecías al siglo, le decía, amabas lo que es propio del siglo, dabas blanco de nácar al cutis de tu rostro, coloreabas de rosa tus mejillas (...) Nada quiero recordar de los costosos pendientes de tus orejas (...) Ahora que has renunciado ya al mundo, guarda el compromiso que juraste y permanece fiel".

En cuanto a la relación de la virginidad con las obras de misericordia, en los primeros documentos eclesiásticos se destaca al momento. Los cuadros descriptivos más detallados referentes al ejercicio de las obras de misericordia de las vírgenes, son propios de las regiones orientales, y los detalles más minuciosos de esta misericordia nos lo ofrece la segunda de las epístolas pseudoclementinas. Es decir, que a la virginidad consagrada siempre estuvo vinculado el ejercicio de la caridad.

Las circunstancias indujeron a la Iglesia a mayores exigencias en relación a la consagración de las vírgenes. San Basilio suponía que bastaba la edad de los dieciséis o diecisiete años para ofrendar a Cristo la virginidad. En el siglo V quedan definitivamente deslindadas dos fases de ésta. Al altar de los desposorios ninguna joven habría de llegar sino después de varios años, en que con gesto inequívoco de fortaleza, mereciese recibir solemnemente de manos del obispo el velo virginal de la profesión (veinticinco años requeridos para la profesión definitiva).