5. Dones extraordinarios


Pertenecen al campo de la mística. La mística es el desarrollo de la vida sobrenatural en el que predomina la fuerza de los dones del Espíritu Santo, que perfeccionan las virtudes correspondientes. Los fenómenos extraordinarios suelen presentarse en la vida de grandes santos como regalos divinos, acompañados casi siempre de elevados estados de oración.

La Madre María fue objeto de algunos de estos dones, cuya experiencia constituyó para ella fuente de indecibles sufrimientos íntimos, dadas las circunstancias de la época si tenemos en cuenta que desde la mitad del siglo XVIII hasta los comienzos del XX, apenas sí existió teología, y la escasa que había era desconectada de la realidad. En relación a la mística, predominaba la desorientación y el desconcierto hasta el punto de incurrir en extravíos y de juzgar los fenómenos extraordinarios de la misma, algo así como manifestaciones histéricas.

De los dones experimentados por la beata María, unos corresponden al orden cognoscitivo, como visiones, locuciones, discernimiento de espíritus, profecía y hierognosis [facultad para reconocer los sagrado], en particular, la presencia real de Cristo Sacramentado. En el orden afectivo está el éxtasis y por último los de orden corporal como la bilocación y la inedia. La bilocación, uno de los más sorprendentes, consiste en la presencia simultánea de la misma persona en dos lugares diferentes, una presencia física y otra representativa. La inedia es el ayuno absoluto y prolongado durante un tiempo muy superior a las fuerzas de la naturaleza.

Cabría la pregunta: ¿De dónde se ha obtenido el conocimiento de la existencia de estos dones en la beata María?

En primer lugar de sus escritos espirituales o notas de retiro, de los cuales puede extraerse -sobre todo a partir de 1920- el sencillo relato de tales experiencias, sin que llegara al conocimiento de su naturaleza u origen. Pese a que se mostraba sumamente reservada en estos casos, en algunas ocasiones se refirió a tales hechos como a "cosa rara", sin saber explicárselo ni ella misma.

En segundo lugar, es valioso el testimonio de muchas de las Hermanas de la Congregación y de niñas internas del asilo de Maracay, actualmente personas maduras. De las religiosas son particularmente importantes los de la Hermana María Carlota, quien desde los tres días de nacida, recibió los cuidados personales de la Madre María en el mencionado asilo de Maracay y llegó a ser religiosa agustina recoleta hasta los 90 años de edad, siempre muy vinculada a su madre adoptiva.

Otra testigo ocular fue la Hermana Mercedes de san José (Ana Matilde León), primera maestra graduada quien ingresó en 1912, fue formadora durante 30 años por decisión de la Madre María y murió lúcida a los 105 años de edad.

La Madre Águeda Lourdes Sánchez Díaz, primera sucesora de la Madre María en el gobierno general de la Congregación en 1960, quien aparte de lo que vio y oyó en su juventud, refirió personales confidencias de su antecesora. No puedo excluirme de estas fuentes, ya que con frecuencia escuché comentarios de casos concretos relacionados con estos dones de nuestra Madre; sin embargo, no deja de ser curioso que para nosotras pasaban casi desapercibidos; como jóvenes formandas, nos parecía algo normal, tal vez por la misma sencillez de nuestra Madre y el trato cotidiano con ella.

En relación al don de profecía, su máximo exponente es el caso de la curación de la Hermana Teresa Silva (milagro para la beatificación), enferma de osteoartrosis durante 26 años, cuatro de ellos inválida. Antes de su profesión perpetua, solicitó egreso por su enfermedad; pero la Madre María le respondió negativamente aduciendo que si Dios la había traído a la Congregación, para algo sería y que si llegaba a los 50 años de edad, de ahí en adelante tendría salud. En efecto, ya desahuciada por la ciencia, tres meses después de cumplir su medio siglo, sanó repentina y perfectamente.

Merece también alguna explicación el don de la inedia o ayuno: Ofreció éste por la salvación de su padre quien a finales de 1899 fue declarado sin signos vitales por repentina enfermedad cerebral; luego en estado de lucidez recibió todos los sacramentos, para morir cristianamente a las 3 de la tarde ese mismo día. Laura comenzó su ayuno absoluto desde 1899 hasta 1909, cuando por obediencia al Padre López Aveledo hubo de mitigarlo. Durante estos 10 años se alimentaba sólo con la comunión diaria. Teológicamente, este ayuno se explica por una especie de incorruptibilidad anticipada, que dispensa milagrosamente de la ley de la refección alimenticia. Debe constatarse que el ayuno se practica bajo la inspiración del Espíritu Santo y con plena sumisión a la obediencia; que la persona cumple cabalmente con sus deberes de estado y que es sostenida únicamente por la recepción de la eucaristía. Su carácter sobrenatural se juzga contrastándolo con la vida de la persona, virtudes heroicas y dones sobrenaturales. Son contados los casos en la hagiografía.