PERSONALIDAD DE LA
MADRE MARÍA DE SAN JOSÉ

(Tomado del capítulo III de POSITIO SUPER VIRTUTIBUS. Roma, 1990)




     Recogeremos en este apartado, en breves pinceladas, aquellos rasgos más sobresalientes del carácter y personalidad de la Madre María de san José, que desde su constitución psico-somática fueron el soporte y el cauce humano de la acción de la gracia y del Espíritu, que la llevó a las altas cimas de la santidad.
     En cuanto a su aspecto físico, los testigos coinciden en describirla como de estatura media o algo baja, delgada, de andar rápido y ligero, enérgica y decidida, bien conformada, de contextura frágil, ojos grandes y bellos, de mirada dulce y penetrante, y semblante agradable. Su aspecto "inspiraba paz y confianza"
     A pesar de su complexión externa aparentemente débil, manifestó durante toda su vida una gran fortaleza en el desarrollo de una actividad desbordante. El doctor Omar Avendaño, testigo 39, médico que la conoció en sus últimos años y la trató hasta su muerte como médico de cabecera, conocedor del temperamento enérgico y de la actividad y dinamismo de la Madre María, a pesar de la escasísima alimentación que tomaba, testifica asombrado que "sus características físicas eran impresionantes desde el punto de vista médico".
     No adolecía de defecto físico alguno. Su salud, debido a su constitución frágil, no era excesiva, máxime teniendo en cuenta los ayunos prolongados y serios que practicó durante toda su vida. padeció algunas enfermedades durante su vida.
     En cuanto a su carácter, los testigos coinciden en describirla como "de carácter bonachón", "apacible y bondadosa", siempre "conciliadora", y "de semblante alegre y simpática", que inspiraba "paz y confianza", acogedora y "agradable en su trato".
     Era activa y enérgica, "firme en sus decisiones", que tomaba tras madura reflexión. "Emprendedora", no se arredraba ante las dificultades y los obstáculos o incluso los peligros que podían oponerse o presentarse en lo que ella juzgaba que debía hacer. No obstante esto, siendo menor de edad, siempre acudía a solicitar la debida autorización a sus padres, como cuando tomó la decisión de organizar un catecismo para jóvenes mayores de 14 años, o la de dedicarse a ayudar a llevar el hospital fundado por el Rvdo. López Aveledo.
     Era muy "amante del silencio", "reservada", hasta parecer "retraída" e "introvertida", pero "tenía facilidad para comunicarse", y era incluso "extrovertida para comunicar alegría", teniendo incluso "un gran sentido del humor".
     Al mismo tiempo, era muy sensible a las necesidades de los demás. Escuchaba pacientemente, y se interesaba por todos, llevando cuenta con una memoria prodigiosa, para que no faltara el detalle oportuno de una felicitación o de un obsequio a su debido tiempo.
     Intelectualmente, se hallaba muy bien dotada. Ya en la escuela destacó por una brillante inteligencia y una memoria extraordinaria, que conservó toda su vida. tenía "mucha iniciativa" y "creatividad". la prudencia que demostró en el gobierno de la Congregación durante largos años pone de manifiesto la lucidez para comprender los problemas y para atinar en las soluciones, aunque siempre le gustó tomar consulta para todo.
     Desde muy niña dio muestras de una "gran sensibilidad espiritual y humana, en lo cual tenían particular resonancia las desgracias y el dolor ajenos" teniendo todavía cuatro años, se siente afectada profundamente al ver la pena de su madre al morir una hijita, hasta tomar la decisión de no querer probar alimento alguno por varios días. Siendo todavía niña, a los 9 años, gustaba de acompañar a su madre y ayudarla en las frecuentes visitas que ésta solía hacer a los enfermos, para llevarles algunos alimentos o con otros fines de caridad.
     Otro rasgo de su carácter, que los testigos declaran con casi completa unanimidad es la sencillez y humildad: "absolutamente libre de toda afectación", hasta pasar a veces por "ingenua", lo que la situaba en una posición de privilegio para acercarse y ganarse el afecto de los pobres y sencillos. Veraz y sincera, "sentía una aversión natural por todo lo que fuera hipocresía".
     Estos fueron, a nuestro entender, los principales rasgos de su carácter y de su personalidad, que la presentan como una persona serena y equilibrada, responsable y con un dominio completo de sí misma, enamorada de Dios y entregada del todo a los pobres y humildes, en cuyas personas acertaba a ver la imagen de Cristo.