A aquel 25 de abril de
1875, fecha del nacimiento de la Madre María de San José, han
precedido vicisitudes y acontecimientos que con diversos
caracteres, marcan la historia y la fisonomía de Venezuela: A
varias décadas de la independencia nacional, se da la
abolición de la esclavitud en 1845, a la que seguirá la
Revolución Federal durante cinco años, de 1859 a 1863. El país
se enfrenta con una economía destruida por la guerra y la
anarquía. Durante el gobierno del civilizador y autócrata
Guzmán Blanco, entre otras obras de progreso se realiza en
1873 un censo de la población venezolana, la cual alcanzó a
1.784.194 habitantes. El 13
de Octubre de 1875, a sólo 6 meses de su nacimiento, una niña
es bautizada en la Iglesia Parrroquial de Choroní con el
nombre de LAURA EVANGELISTA, hija primogénita de Clemente
Alvarado y Margarita Cardozo, modestos habitantes de aquel
pueblo. La Bautiza el párroco José María Yépez y son sus
padrinos Manuel González y Dolores Sofía Bravo Cardozo, prima
de la niña. Como obsequio de
Ana Félix, la abuela paterna, recibe un par de zarcillos de
oro macizo con tres esmeraldas cada uno. Acto seguido,
aquellos pendientes fueron incrustados en las tiernas orejitas
de la recién bautizada. Laura
es una hija esperada con amor y rodeada del cariño familiar,
factor decisivo en el desarrollo armónico de la personalidad.
Le seguirán otros hermanos: Octaviano, Panchita y
Clemencia. En 1877, Laura
recibe la confirmación administrada por el Arzobispo de
Caracas, Mons. José Antonio Ponte, de visita pastoral en
Choroní. Es su madrina Mercedes Márquez de
Padrón. Al referirnos a
Choroní, estamos hablando del pueblo natal de nuestra Beata
María de San José. De estilo colonial, pintoresco y acogedor,
es patrimonio histórico de la nación, centro turístico del
Municipio Girardot en el Estado Aragua, de hermosas playas y
habitantes. Guarda en su seno históricas memorias entre ellas
la rústica pila bautismal de 1757.
Choroní es valle rodeado de
altas montañas que, junto al rio que lo atraviesa, le prodigan
un aire de belleza y frescura. A pocos kilómetros, el Puerto
de Colombia, con su paisaje marino, su folklore y su actividad
bulliciosa y alegre. La
profusa y rica virtualidad de los accidentes geográficos,
ejercerán especial influencia en la personalidad de aquella
niña, excepcional fruto de su tierra.
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